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Visita al Vivero de Empresas de la Cámara de Comercio
de alumnos/as del Master DEIN y Master de Comercio Exterior
que se impartes en la Fac. de CC. Económicas y Empresariales |
La actividad de emprender hoy en día parece estar considerada como un deporte de alto
riesgo: financiación, mercado, … Todo semeja estar doblemente complicado debido a una crisis que amenaza con quedarse entre nosotros más tiempo
de lo esperado.
Organismos como
las Cámaras
de
Comercio,
cuya labor hemos conocido tras la visita a su vivero de empresas localizado en el
Polígono empresarial Costa Vella de Santiago,
tienen como
función ayudar
al emprendedor en
distintos ámbitos: facilitando el acceso a instalaciones y
servicios comunes a los emprendedores, en
la elaboración de su
plan de empresa, como intermediarios en la financiación, etc. Su labor es indudablemente
útil y valiosa. Pero considero que el
negocio
comienza
mucho antes del papeleo
y
lo
hace en la mente del emprendedor. En él
surge la idea y en
él debe surgir el valor para llevarla a cabo.
Pero, ¿cómo surge? En las experiencias que allí nos contaron pudimos ver como la empresa no siempre parte de que el emprendedor ha visto la oportunidad en el mercado y decide arriesgarse,
sino
que en otras muchas ocasiones la necesidad es la que empuja a la aventura. Obviamente, la primera de las situaciones sería el inicio ideal: identificar una oportunidad de negocio que además coincide con tus inquietudes profesionales, como fue el caso de IDENTIA o de GALENSIGNA. Pero otras, como WAYNA Consultora, surgen después de que mucha formación (derivada de la
titulitis) no es suficiente para darte una estabilidad profesional. En cualquiera de los dos casos, lo importante es empezar y, recogiendo una cita mencionada en una de
las charlas: “No hay viento favorable para el barco
que no sabe donde llegar”. Es decir, tener claro dónde estamos y adónde queremos llegar es la premisa clave. Arriesgarse,
ofrecer lo que nadie ofrece o hacerlo de la forma que nadie lo ha hecho hasta el momento, pero
teniendo claro el camino desde
ya... y lanzarse.

Una vez comentadas las formas en las que puede surgir la empresa (oportunidad/necesidad) y la premisa clave de la que partir, creo que ya no se puede tipificar más acerca de la figura del emprendedor, pues cada persona es única, por lo que cada negocio será único en la manera que su
artífice lo
ha diseñado, enfrentado y guiado.
Ni siquiera el hecho de triunfar o fracasar debería tipificar al emprendedor. Considero que esta es una característica cultural propia de nuestro país, donde todo aquel que se ha aventurado y no
ha tenido éxito, ya se tacha de fracasado, mientras que en otras
culturas en las que el emprendimiento está más imbuido en la cultura, el
fracaso puede llegar a considerarse un “valor añadido” al emprendedor, que
aprende de sus errores y
éstos le permiten crecer personal y
profesionalmente.
Por último, me gustaría terminar recordando lo que algunos rankings de competitividad
señalan, y es que España se encuentra en la cola de los países en los que más fácil es crear una empresa. Es decir, que en nuestro país existen demasiadas trabas burocráticas y plazos administrativos que
limitan muchísimo al
emprendedor, ya que suponen un volumen importante de recursos y tiempo, llegando
a desanimar su
inversión.
Por ello, y hoy más que nunca, creo que el apoyo al emprendedor debería ser un campo
prioritario a tratar y, obviamente, evitando las duplicidades que muchas veces se dan en diferentes
competencias de la administración pública.
Lucía Loureiro Cota
Alumna del Master de Desenvolvemento Económico e
Innovación
Universidade de Santiago